UNIÓN INTERNACIONAL DEL NOTARIADO
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA UNIÓN INTERNACIONAL DEL NOTARIADO
DAVID FIGUEROA MÁRQUEZ
CONGRESO NOTARIAL BELGA — INSIDE.AI 26
Kortrijk — 17 de septiembre de 2026

Señora Ministra de Justicia,
Señora y Señor Co-Presidentes del Conseil International du Notariat belge, querida Anne Wuilquot, querido Anthony Leleu,
Señor Presidente del Congreso Inside.AI, querido Jean-Charles De Witte,
Señora Presidenta de la Cámara de Notarios de Flandes Occidental,
Señoras y señores Presidentes y representantes de los notariados hermanos,
Queridas y queridos colegas, señoras y señores:
Permítanme comenzar con una palabra que no digo por simple cortesía, sino con profunda sinceridad: gracias.
Estar hoy en Kortrijk, ante el notariado belga, significa para la Unión Internacional del Notariado estar en casa.
Bélgica no es simplemente un miembro más de nuestra Unión. Es uno de los notariados fundadores, presente desde el primer día, desde aquel 2 de octubre de 1948, cuando un pequeño grupo de notariados comprendió que la fe pública no podía seguir siendo un asunto exclusivamente nacional y que era necesario construir una casa común.
Setenta y ocho años después, esa casa reúne a noventa y tres notariados en el mundo.
Nada de esto habría sido posible sin la constancia, la seriedad y la generosidad institucional de aquellos notariados fundadores y, de manera muy especial hoy, del notariado belga que celebramos con este Congreso.
Por eso, no me sorprende que sea precisamente este notariado el que hoy nos reúna bajo el título «Inside.AI».
Quienes estuvieron entre los primeros en fundar suelen estar también entre los primeros en anticipar el futuro.
Y anticipar es precisamente lo que está haciendo el notariado belga.
He oído hablar de «NotaryBook», esa nueva herramienta de inteligencia artificial al servicio del conocimiento y de la experiencia notarial que ustedes están probando actualmente.
Quiero decirles, en nombre de la UINL, que seguimos esta experiencia con enorme interés y curiosidad.
Iniciativas como ésta no benefician únicamente al notariado que las desarrolla. Abren caminos y pueden servir de inspiración a otros notariados miembros.
Y precisamente de ese intercambio de conocimientos y experiencias vive nuestra Unión.
Señoras y señores:
La inteligencia artificial no es solamente un tema técnico.
El programa de este Congreso lo demuestra claramente: es un tema jurídico, sociológico, ético, filosófico, antropológico y, sin duda, profundamente notarial.
La UINL ha decidido no contemplar este debate desde lejos.
Hace casi un año, en septiembre de 2025, celebramos en Berlín nuestro 31.º Congreso Internacional del Notariado. Su Tema I llevaba por título:
«Nuevas herramientas | Nuevas fronteras – Los notarios en el centro de un sistema digital de futuro».
Su primer capítulo estuvo dedicado por completo a la automatización y la inteligencia artificial.
Las conclusiones aprobadas en Berlín no son solamente una declaración de buenas intenciones. Son un documento de trabajo serio, exigente y equilibrado que hoy quisiera compartir con ustedes, porque se relaciona de manera natural con los temas que serán tratados durante estos días.
Permítanme resumirlo en cuatro ideas fundamentales.
La primera es una idea de método.
La automatización funciona mediante reglas fijas y previamente programadas para realizar tareas rutinarias y repetitivas.
La inteligencia artificial parte de esos mismos fundamentos, pero incorpora herramientas como el aprendizaje automático y el reconocimiento de patrones, que le permiten adaptarse, aprender de los datos y tomar decisiones de una manera que puede acercarse al razonamiento humano.
Digo acercarse, no ser igual.
Sus principios de funcionamiento siguen siendo esencialmente algorítmicos, mientras que —y cito las conclusiones de Berlín— «la cognición y la comprensión humanas genuinas son de naturaleza no algorítmica, es decir, no computacional».
Además, la inteligencia artificial que puede resultar especialmente útil para el notario es la llamada inteligencia artificial «estrecha», diseñada para realizar con gran capacidad tareas específicas.
Conviene decirlo con serenidad en un Congreso como éste: estamos ante una herramienta extraordinariamente poderosa.
La segunda idea es de oportunidad.
Y quiero destacarla especialmente, porque el notariado no puede limitarse a desconfiar de la tecnología.
Nuestra Unión reconoce con claridad que, cuando la automatización y la inteligencia artificial se integran correctamente en nuestros procesos de trabajo, pueden convertirse en herramientas de gran utilidad para los notarios, como actores esenciales de la administración preventiva de justicia.
Pueden reducir costos y ahorrar tiempo en las tareas rutinarias, permitiéndonos concentrarnos todavía más en los asuntos jurídicos complejos, allí donde debemos asesorar imparcialmente a las partes y adaptar las soluciones que ofrece el derecho a sus necesidades concretas.
Pueden ayudarnos también a mantener la alta calidad de nuestros servicios públicos, incluso cuando las obligaciones administrativas siguen aumentando. Pensemos, por ejemplo, en las exigencias relacionadas con la prevención del blanqueo de capitales.
Y pueden ayudarnos a enfrentar la falta de personal cualificado que los cambios demográficos están produciendo en muchos de nuestros países.
Las conclusiones de Berlín lo explican con una imagen muy clara: estas mejoras de eficiencia producen un efecto dominó cuyo beneficiario final es el ciudadano.
La tercera idea es la del riesgo.
Y en este punto, las conclusiones de Berlín son deliberadamente rigurosas.
Señalan, en primer lugar, la falta de transparencia de algunos algoritmos, que muchas veces funcionan como verdaderas «cajas negras», sin que podamos conocer con suficiente claridad cómo llegan a determinadas conclusiones.
Está también la protección de los datos, especialmente importante en una profesión cuyo fundamento es la confidencialidad.
Debemos considerar igualmente la falta de previsibilidad y de fiabilidad, incluyendo ese fenómeno que conocemos como «alucinación», cuando un sistema de inteligencia artificial genera información incorrecta, engañosa o incluso completamente inventada, pero la presenta de manera aparentemente convincente.
Existe además el llamado sesgo de automatización y el riesgo de depender excesivamente de estas herramientas.
Este problema puede agravarse por el temor a la responsabilidad jurídica: podemos sentirnos inclinados a aceptar la aparente objetividad de una máquina, incluso cuando nuestro propio criterio profesional nos indica que su respuesta puede ser equivocada.
Debemos considerar también el sesgo algorítmico y el riesgo de discriminación.
A ello se suma la seguridad frente a las falsificaciones profundas —los llamados deepfakes— y las distintas formas de fraude digital.
Existe asimismo una cuestión fundamental de soberanía digital: nuestra capacidad para controlar nuestra propia infraestructura y nuestros sistemas digitales, sin depender excesivamente de terceros, especialmente cuando las principales plataformas tecnológicas están controladas por grandes empresas establecidas en otros Estados.
Y, naturalmente, está la cuestión de la regulación: ninguna herramienta tecnológica puede utilizarse si las normas que regulan el respectivo notariado no lo permiten.
Hay, finalmente, una advertencia que considero especialmente importante.
No podemos subestimar la dimensión humana e interpersonal de nuestra profesión.
El ciudadano podría perder confianza en el notariado si llega a pensar que sus asuntos están siendo atendidos por sistemas automatizados y no por un notario capaz de ofrecer criterio, comprensión y empatía genuinamente humanas.
La cuarta idea es, a mi juicio, la que da sentido y orden a todas las anteriores.
Puede expresarse en tres palabras que las conclusiones de Berlín establecieron como principio rector:
«El ser humano al mando».
Siempre debe mantenerse la autonomía del notario, tanto en los hechos como jurídicamente, para tomar sus propias decisiones.
La automatización y la inteligencia artificial deben utilizarse para apoyar al notario, no para sustituirlo.
Su utilización no debe pretender reemplazar el cumplimiento de aquellas funciones que el legislador, por razones plenamente justificadas, ha confiado personalmente al notario.
La responsabilidad final debe recaer siempre en el notario.
De este principio derivan las mejores prácticas que nuestra Unión recomienda y que hoy quisiera dejar sobre la mesa de este Congreso.
Debemos documentar de manera transparente y accesible los procesos mediante los cuales los modelos toman sus decisiones. Es lo que conocemos como «inteligencia artificial explicable».
Debemos evitar aquellas herramientas que, por funcionar como «cajas negras», puedan influir de manera indebida en nuestras decisiones sobre funciones notariales esenciales.
Cuando corresponda, debemos informar claramente al cliente sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial.
Debemos realizar revisiones periódicas para detectar posibles sesgos.
Debemos recopilar únicamente los datos necesarios y protegerlos mediante cifrado, sistemas sólidos de autenticación y controles estrictos de acceso.
Debemos ser especialmente cuidadosos en los procesos de identificación de las personas, porque un sesgo sistemático en esta materia puede afectar tanto la seguridad jurídica como nuestra función de control preventivo.
Y desde nuestros colegios, cámaras y consejos notariales debemos encontrar un equilibrio entre la utilización de soluciones innovadoras y el desarrollo de capacidades propias y locales, para disminuir el riesgo de una dependencia tecnológica excesiva.
Todo esto, como insisten las conclusiones de Berlín, exige una condición previa:
que los notarios y nuestro personal recibamos la formación y capacitación necesarias para adquirir las habilidades digitales y los conocimientos técnicos que exige esta nueva realidad.
Un Congreso como el que hoy inauguran representa, precisamente, esa formación.
Y permítanme añadir algo más, porque Berlín no fue un punto de llegada.
Además de aquellas conclusiones, la UINL ha elaborado unas Directrices en materia de inteligencia artificial para los notarios, que serán adoptadas próximamente.
Son directrices de uso completamente voluntario. El desarrollo y la aplicación de soluciones basadas en inteligencia artificial dependerán siempre de la decisión de las cámaras notariales y de los propios notarios.
Han sido redactadas en un lenguaje claro y comprensible. Explican las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial y ofrecen soluciones prácticas para prevenirlos y reducirlos en el ejercicio de nuestra profesión.
Y, debido a la enorme velocidad con la que avanza esta tecnología, están pensadas para actualizarse regularmente.
Digo esto aquí, y no por casualidad.
Lo que se piense, lo que se discuta y lo que se concluya en Kortrijk durante estos dos días podrá enriquecer esas Directrices.
Porque una Unión integrada por noventa y tres notariados no se construye desde un centro que dicta instrucciones, sino a partir del compromiso de cada notariado miembro de aportar su experiencia, compartir sus conocimientos y enriquecerse mutuamente.
Bélgica lo ha hecho desde 1948.
Estoy seguro de que volverá a hacerlo esta semana.
Señoras y señores:
Al observar el programa de estos dos días —la reflexión ética y filosófica, el diálogo con quienes desarrollan nuestros programas informáticos, la conversación abierta con los grandes actores tecnológicos mundiales y las soluciones concretas que aquí serán presentadas— veo un Congreso que formula las preguntas correctas y las formula en el orden correcto.
Nuestra profesión ha vivido antes grandes transformaciones tecnológicas.
Pasamos del pergamino al papel; del papel al registro electrónico; de la comparecencia física a la escritura otorgada a distancia.
En cada una de esas transformaciones hubo quienes pensaron que la fe pública podía debilitarse.
Y ocurrió lo contrario.
Cuanto más rápido e impersonal se vuelve el tráfico jurídico, más necesaria resulta la presencia de alguien que responda personalmente por aquello que en él se afirma.
Ese alguien tiene nombre.
Tiene rostro.
Tiene responsabilidad.
Y tiene un deber de imparcialidad.
Ninguna máquina puede asumir plenamente esa responsabilidad, porque ninguna máquina puede responder como responde una persona investida de fe pública.
Querida Anne, querido Anthony:
La UINL les acompaña en este camino.
Estaremos muy atentos a las conclusiones que surjan de Kortrijk, del mismo modo que esperamos que nuestros estudios y trabajos puedan resultarles útiles durante estos días.
Les deseo un Congreso fecundo, abierto y provechoso.
Y, sobre todo, deseo que al terminar estos trabajos salgamos de aquí con una convicción serena:
la tecnología puede transformar nuestras herramientas, puede mejorar nuestros procesos y puede ampliar nuestras capacidades; pero la mejor herramienta del notariado seguirá siendo, siempre, el notario.
Muchas gracias.
